Música:
Un
Vals . Luis
Salinas. (L.Salinas)
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Celso
Fuentes Martos
Uno
de los principios básicos para quienes deseen conocer su ciudad sumergiéndose
en ella, consiste en aproximarse cada vez más e intensamente a todo su
conjunto, a su globalidad , incluso a su concepto; consiste en acceder a su
parte medular y a su esencia más vital; consiste, en definitiva, en penetrar
en su historia...
En
el caso de quienes amamos Granada,
nuestra hermosa ciudad, la cuestión se concreta en la necesidad de conocerla
cada vez más porque conociéndola como ella se merece irá
desvelándonos mansamente sus ignotos y profundos secretos, sus íntimas
querencias y los desgarros de su grandiosa alma secular para que lleguemos a
poder hacernos cada vez más suyos y nosotros a ella, en justa reciprocidad,
cada vez más nuestra. Esta sencilla razón puede conseguir orientar
a quienes quieran hacia esas raíces culturales que nos conforman así
como en dirección a unos fundamentos eticoestéticos radicales
que, sin duda, llegan a condicionar nuestro deber y querer hasta impelirnos
a la práctica del necesario y esencial reconocimiento de lo más
genuino de esta mágica urbe que nos contiene que no es otra cosa que
el maravilloso, recóndito y espléndido barrio sintético
del Albayzín
que no sólo suele transmitir las poderosísimas vibraciones de
su fluir histórico, la intensidad de su hálito y el vigor de su
pulso sino, también, la sutileza de una lábil invitación
a que se comunique, incluso apasionadamente, algo de su lánguida belleza
paradójica y de su dilatada historia que no es más que nuestra
propia historia.
Por todo ello, invitémonos
al Albayzín, obliguémonos a un recorrido por nuestras casi olvidadas
sensaciones urbanas más genuinas. Cancelemos las deudas que hayamos
podido contraer con el tiempo, con nuestros ancestros y con nuestra diferencial
y especial cultura de pueblo viejo, sabio, sincrético, tolerante y
generoso y dejémonos llevar al nada proceloso mar de una impresionante
memoria colectiva que tanta identidad podrá hacernos recuperar. Merece
la pena.
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